Él era diferente,
era como una brisa de aire cálido con olor a cerezas.
No tenía nada de lo que preocuparse,
solo ver el tiempo pasar.
La vio a lo lejos,
sonriendo al hacer una foto al atardecer en aquella playa desierta.
Cruzaron sus miradas y no pasó nada, como podría ocurrir en un cuento de hadas.
El siguió su camino,
con la única preocupación de llegar a casa temprano y recordar aquella sonrisa.
Ella no dejó de soñar con aquel chico de olor afrutado y mirada furtiva pero dulce.
No hay comentarios:
Publicar un comentario