Siento el susurro de sus labios pegados a las sábanas de mi cama.
Siento el olor a café en sus manos después de recorrer mi espalda.
Siento aquellos besos que se quedaron tatuados en mis extremidades.
Siento su mirada penetrante recorriendome de pies a cabeza, con ese descanso de por medio que con un soplido lograba poner mis pelos de punta.
Pero ya no siento esos latidos que hacían que durmiera sobre su pecho hasta media noche.
No siento sus manos recorrer mi cuerpo después del olor a café.
No siento como aquellos besos apasionados buscan su espacio.
Y tampoco siento como me sigue con la mirada.
Ya no siento su calor al despertar, ya no escucho el tic tac de su despertador, ya no siento los susurros sobre mi cuello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario